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miércoles, 24 de junio de 2015

Japón 2015

Pues si. Este año volvemos a Japón.
Como nos sucede a menudo cuando decidimos nuestras próximas vacaciones, comenzamos confeccionando una lista de objetivos, de destinos soñados. Esa lista puede ser muy larga y contener ideas imposibles. Pero nos sirve como punto de partida para ir perfilando nuestro siguiente viaje.
Este año ya teníamos muy claro que íbamos a dar una vuelta por Dinamarca y Suecia, con un posible salto a Helsinki.
Pero en un momento dado Carmen dijo: no me importaría volver este año a Japón
Ese deseo verbalizado como quien no quiere la cosa, que rompía una de nuestras normas no escritas de no repetir destino, germinó rápidamente en nuestras voluntades y nos pusimos a navegar por la red  para ver a que precio estaban los billetes este año. Japón merecía la pena y por que no?, las reglas están para saltárselas.
Los vuelos este año estaban un poco más caros que el año pasado, aproximadamente unos cien euros por cabeza, por lo que decidimos esperar antes de comprar y hacer un seguimiento, apuntándonos a las diferentes alarmas de precios que tienen los buscadores que usamos habitualmente (Skyscanner, Kayak, Onetwotryp).
Y por una vez, la odiada publicidad que bombardea nuestros correos electrónicos nos sirvió de algo. Un domingo mientras desayunábamos recibimos publicidad de Air France prometiendo precios maravillosos a todo el mundo. Como estábamos en tiempo de búsqueda, en lugar de borrar directamente el email lo consultamos y para nuestra sorpresa los precios a Japón eran los mejores que habíamos visto hasta el momento. Mejoraban incluso a los del año pasado.
Dicho y hecho, la suerte estaba echada. Definitivamente volvíamos a Japón. Compramos los billetes con Air France aunque el operador será KLM, por lo que la escala la haremos en Amsterdam. Además para no repetir entraremos por Osaka y regresaremos desde Tokio.
El próximo paso era preparar la ruta y decidir los hoteles.
Una de nuestras premisas como buenos cincuentones es limitar el número de cambios de hotel al máximo, por la incomodidad de ir arrastrando las maletas (no somos mochileros), y los correspondientes chek-in y chek-out, que siempre hacen perder mucho tiempo.
Otra de las premisas es que los hoteles sean cómodos, limpios con una buena puntuación de los usuarios de Booking o Tryp Advisor y se encuentren cerca de las estaciones de tren, ya que será nuestro principal medio de transporte. A nuestra edad es imprescindible descansar bien por la noche, y evidentemente no compartir aseos, la intimidad se paga con gusto.
Con esos corsés que nos imponemos vamos trazando la ruta y marcando las que serán nuestras bases principales, y las secundarias, por inevitables, al ser lugares de paso.
Igual que el año pasado, donde pasaremos mas noches será en Kyoto y en Tokio con cinco y seis noches respectivamente. Entre ambas ciudades pararemos un par de noches en Takayama en un ryokan y una mas en Kanazawa.


jueves, 4 de junio de 2015

Resumen practico de Japón 2014

Han pasado unos días desde que volvimos de Japón. Hemos vuelto al trabajo y las rutinas cotidianas. Quizás es el momento de dar un repaso y hacer un resumen del conjunto de una experiencia tan agradable y a la vez tan estresante como es viajar a la otra punta del mundo, sin conocer el idioma y sin ayuda externa en el país
El viaje lo teníamos en mente desde hacia tiempo como uno de esos proyectos soñados que, si se puede, se realizarán algún día. Este año nos coincidían las tres semanas de vacaciones lo que nos permitía dedicar dos de ellas al viaje.
Creemos que menos tiempo te obliga a resumir tanto que es un desperdicio hacer un viaje tan largo y costoso para ver casi nada. Por otra parte, además de disfrutar viajando, nos encanta estar en casa y disfrutar de nuestro entorno habitual, por lo que cuando llevamos quince días lejos la echamos mucho de menos.
Con estas premisas, allá por el mes de Mayo empezamos a buscar vuelos por Internet, y para nuestra sorpresa no eran tan caros como esperábamos. Con un poco de flexibilidad en las fechas (el precio puede variar mucho de un viernes a un martes) y tras observar que los precios no fluctuaban mucho, nos decidimos por Swiss air, con escala en Zurich. Compramos los billetes a principios de Junio por 1300€ con seguro de cancelación incluido. Creemos que 325€ por persona y trayecto es un precio muy razonable, sobre todo teniendo en cuenta los precios que se comentaban en la red hace un par de años.
El siguiente paso era decidir un itinerario y donde dormiríamos. Es siempre un asunto complicado, ya que la gran cantidad de  información que se encuentra a veces puede confundir en lugar de aclarar. A nosotros nos ha resultado de gran utilidad la guía de Lonely Planet de Japón, pero sobre todo la experiencia de algunos blogueros entre los que destacaría http://blogdetermico.blogspot.com.es/ que es un blog muy bien estructurado, fácil de consultar y con una información muy valiosa. También usamos las paginas oficiales de turismo http://www.japan-guide.com/ y http://www.turismo-japon.es/.
Nos decidimos por centrarnos en Tokyo y Kyoto, que nos permitían hacer excursiones de un día a sitios interesantes sin necesidad de ir cambiando continuamente de hotel, con la molestia de arrastrar maletas arriba y abajo. Como extra incluimos una noche en la isla de Miyajima, algo que todo el mundo recomendaba si se bajaba hasta Hiroshima.
Por lo tanto, el itinerario sería Tokyo (cinco noches) - Kyoto (cinco noches)- Miyajima (una noche)- Tokyo (dos noches).
Para escoger los hoteles nos marcamos dos prioridades: que tuvieran una buena puntuación por los usuarios y que se encontraran cerca de alguna estación de las lineas JR. A estas alturas del proyecto, ya teníamos muy claro que dentro del pais nos debíamos mover en tren, y que lo indicado era adquirir los JRPass, por lo que la cercanía a las estaciones era imprescindible para gestionar mejor nuestro tiempo.
Hay que puntualizar que el alojamiento en Japón no es barato, pero que la oferta es muy amplia: hostels, pensiones, hoteles burbuja, riokanes o hoteles al estilo occidental. Como ya tenemos una edad, en este caso primamos la comodidad, las camas cómodas y los baños completos.
En Tokyo nos alojamos cinco noches en el http://www.gardenhotels.co.jp/eng/ginza-premier/ y al final del viaje pasamos dos noches en el http://www.hotelmetropolitanmarunouchi.jp/ dos hoteles fantásticos, modernos y cómodos, con un personal amable y competente, y unas vistas sobre Tokyo que no pueden dejar a nadie indiferente.


En Kyoto pasamos cinco noches en el hotel Gran Via Kyoto http://www.granviakyoto.com/ un hotel situado en la misma estación central de Kyoto, y que para nuestro gusto resultó demasiado grande y un poco desfasado de diseño, aunque tan cómodo y practico como los anteriores.
En Miyajima pasamos una noche en el Miyajima Grand Hotel Arimoto   http://www.miyajima-arimoto.co.jp/english/, en este caso casi debe hablarse de experiencia mas que de alojamiento por el trato recibido, la habitación estilo japonés con futones, la cena kaiseki, las yukatas. En este caso primó el entorno sobre el hecho de que el aire acondicionado fuera muy ruidoso o que en la habitación se viera algún detalle de falta de mantenimiento.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Final de trayecto

Domingo 07/09/14
Hoy es nuestro. último día en Tokyo, y queremos dedicarlo a visitar la zona de Harajuku donde las jóvenes se reúnen los domingos vestidas de "lolitas" con ropas extravagantes que pueden recordar cómics de manga o novelas góticas, según la tribu a la que pertenezca.
El día amanece con lluvia, para variar, pero después de desayunar nos vamos a la zona elegida, a la salida de la estación de Harajuku. En el puente que une la avenida de Omotesando con el parque de Yoyogi.
Llegamos demasiado pronto, poco después de las diez de la mañana, y aunque hay mucha gente, de niñas disfrazadas nada de nada. La verdad es que las tiendas no abren hasta las once, y es lo que marca el inicio del día. Vemos ya gente haciendo colas para entrar en las tiendas, como si estuviéramos en rebajas, e incluso nos llama la atención una especialmente larga que resulta ser para comprar palomitas de maíz. Suponemos que deben ser las mejores del mundo, aparte de que a los japoneses parece que hacer colas no les disgusta en absoluto.
Seguimos paseando bajo la lluvia y entrando ocasionalmente en algún centro comercial por curiosidad más que por afán de compras.
En uno de ellos podemos seguir atentamente la confección exquisita de unas creps con aromas de naranja y helado que nos obligan a felicitar al cocinero ( occidental, por cierto) por su precisión y su espectáculo gratuito.


Coincidimos también con una especie de procesión en que un pequeño grupo de personas llevan algo parecido a un paso de Semana Santa pero sin interrumpir el tráfico y llamando la atención a los transeúntes que nos cruzamos con ellos.


Luego nos dirigimos a la calle Takeshita Dori, famosa por sus tiendas de moda extravagante dedicadas a las tribus que pretendemos observar.


Y caminando caminando pasamos también por un mercadillo callejero de agricultores junto a furgonetas que ofrecen comida para consumir allí mismo. Sería el equivalente a un mercat de pagés nuestro, con la salvedad de que aquí seguramente no darían permisos para cocinar en esas viejas furgonetas recicladas. La verdad es que resulta todo muy apetitoso, pero para nosotros es un poco pronto todavía.



Al final acabamos en Shibuya que hoy, al ser de día y estar lloviendo, tiene un aspecto diferente al del primer día, en que vinimos de noche. Por eso volvemos a hacer unas fotos en las que dominan los paraguas cruzando la calle.


Seguimos callejeando y entrando y saliendo de las tiendas que nos llaman la atención, comemos por la zona y luego deshacemos el camino para ver a nuestras "lolitas" ya que ha dejado de llover. Pero esta claro que esta vez no vamos a tener éxito en nuestra empresa, ya que o la lluvia o la hora han dejado la zona completamente vacía. Otra vez será. Como regalo de compensación, podemos fotografiar a la única que vemos, aunque de espaldas.


Esto ya se acaba. Estamos cansados de caminar todo el día sin parar apenas, y mañana hay que madrugar mucho para ir al aeropuerto de Narita. Por ello de regreso pasamos por el centro comercial de la estación de Tokyo y compramos algo de comida para cenar en el hotel y dar por acabado el día y prácticamente el viaje.
Cerrar las maletas se convierte en una odisea, y eso que hemos comprado recuerdos de poco volumen, pero después de dos semanas, el orden inicial,se ha ido desvirtuando. De todas formas lo conseguimos sin necesidad de abrir los fuelles suplementarios. Un éxito.
Y a dormir pronto, que el día de mañana será muy largo. Y recuperaremos las siete horas que perdimos en el viaje de ida.

sábado, 6 de septiembre de 2014

De vuelta a Tokyo

Madrugamos bastante para no llegar muy tarde a Tokyo, donde nos quedan las dos últimas noches en este hermoso y sorprendente país. Antes damos cuenta de un colosal desayuno continental que somos incapaces de acabar.
De nuevo nos lleva el microbús hasta el embarcadero y el conserje sale a despedirnos a la puerta del hotel haciendo una reverencia para acabar diciendo adiós con las dos manos. Nunca dejara de sorprendernos esas muestras de respeto y agradecimiento que a nuestros ojos puede confundirse con servilismo, pero que para ellos es algo natural que forma parte de su cultura.
Llegamos sin contratiempos a Hiroshima donde debemos sacar reserva de asiento para los dos Shinkansen que debemos tomar hoy, el primero hasta Osaka y el siguiente hasta Tokyo. Por mala suerte en el primero no hay plazas, por lo que debemos esperar una hora hasta el siguiente, tiempo que matamos paseando las maletas por el centro comercial que existe en todas las estaciones, y comprando algo de comida para el tren, pues no llegaremos a Tokyo hasta las cinco de la tarde.


La estación de Tokyo es un caos de personas arriba y abajo, de líneas de tren y de metro que se cruzan y entrecruzan a cuatro o cinco niveles diferentes y de muchas salidas al norte y al sur. Como es normal escogemos la salida inadecuada, pero damos rápidamente con el hotel. Como hemos visto en muchos sitios, la recepción del hotel se encuentra en el piso 27 y nuestra habitación en el piso 28. Las vistas espectaculares y la habitación pequeña pero práctica y cómoda.


Nos instalamos rápidamente y salimos de tiendas, que es prácticamente lo que haremos el día y medio que nos queda en Tokyo.
Hoy descubrimos un Muji, cadena que tiene un par de tiendas en Barcelona, pero aquí tiene seis plantas, y vende lo mismo ropa, muebles, comida envasada, artículos de viaje y un etcétera muy largo, pero siempre con buen gusto y precios moderados. Tiene un aire Ikea pero en japonés, y esa mezcla nos encanta.
De regreso al hotel cenamos en la zona de la estación y a dormir, que después de doce días las piernas ya pesan.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Hiroshima y Miyajima

Hoy volvemos a cambiar de hotel, o sea que nos levantamos temprano, recogemos unas maletas que cada vez cuesta más cerrar, y nos subimos al Shinkansen que nos dejara en un par de horas en Hiroshima.



Del viaje no puede decirse nada, ya que la eficiencia y puntualidad de los trenes japoneses los desnuda de anécdotas. Por cierto, aquí no hace falta crear un vagón silencioso, todos lo son, y esta prohibido usar el móvil, algo que ayuda mucho. Lo que sí es común es que todo el mundo come en el trayecto, y si no se lleva nada preparado se puede comprar a la señorita que pasa varias veces con un carrito en el que lleva tanto bebidas frías o calientes como comida.


La visita a Hiroshima se reduce al parque y el museo dedicados a la bomba atómica que los americanos (no hay que olvidar que son los únicos que la han usado, y por dos veces) tiraron sobre la ciudad en agosto de 1945.
Un tranvía nos lleva en pocos minutos desde la estación, y nos deja justo al lado del edificio que se conserva tal cuál quedó tras la explosión y que coincide casi exactamente con el punto en que estallo la bomba a unos 600 metros de altura. Es sobrecogedor ver las paredes tiznadas de humo, las vigas retorcidas, y los cascotes esparcidos por el suelo. Y eso que lo vemos en medio de un jardín con césped y árboles, no en medio del fuego y la destrucción. Junto al edificio unos activistas antinucleares hacen apología y explican su posición a quien quiera escucharles.


Cruzando el río entramos en la explanada de La Paz,  llena de monumentos commemorativos, entre los que destacan la llama permanente, que no se apagará mientras existan armas nucleares. También hay el cenotapio, un arca que contiene el nombre de todas las víctimas conocidas. Y el que más nos impactó, no tanto arquitectónicamente, sino por su significado, es el monumento a los niños que requiere una explicación.




Entre los centenares de miles de víctimas, se encontraban dos hermanas a las que la bomba no mató en el acto, sino de una forma más cruel. La primera de ellas comenzó a sentir síntomas de enfermedad a las pocas horas, como fiebre y diarrea o dolor de cabeza. Estos síntomas se fueron agravando con los días a medida que sus órganos internos se iban desintegrando, hasta que murió tras cuatro días de agonía. Era una niña.
Su hermana pareció correr mejor suerte, pero al cabo de pocos años desarrollo un cáncer linfático. Aunque en algún momento pareció superarlo, acabo muriendo en 1955, diez años después de caer la bomba. En el transcurso de su enfermedad, la niña se propuso hacer cinco mil grullas de origami o papiroflexia, ya que se considera un pájaro que trae buena suerte, y de esa forma creía poder luchar contra su enfermedad. Como murió antes de poderlas acabar sus compañeros de clase, como homenaje, lo hicieron por ella. 



La historia corrió por todo Japón y miles de niños han hecho desde entonces millones de grullas de papel, una buena muestra de ellas se encuentran tras el monumento que homenajea a todos los niños muertos y a los que luchan por la paz.


Al final de la explanada se encuentra el museo que explica que es una bomba atómica y que significó para los habitantes de Hiroshima. Sería fantástico no haberlo visitado, o mejor que no existiera, pero lo hemos visitado y hemos visto las ropas quemadas, las botellas derretidas por el calor, las vigas de acero retorcidas como sí fuera plastilina y las fotografías de la destrucción causada.
Da miedo pensar que la bomba que cayó sobre Hiroshima era de poca potencia comparada con las que hay en estos momentos en los arsenales del mundo, y que después de casi setenta años hemos retrocedido en lugar de avanzar hacia el desarme nuclear.


Todavía impactados regresamos a la estación para coger el tren hacia Miyajima y allí sucede la anécdota más increíble del viaje, ya que Carmen se encuentra con un compañero de trabajo que también ha venido de vacaciones a Japón. Es curioso que sí hubiéramos tardado cinco minutos más o menos en hacer la visita, o si hubiéramos decidido ir a comer a otro sitio, nos habríamos cruzado sin enterarnos, pero las casualidades son así.


Tras la comida cogemos un tren local (un cercanías para nosotros) que nos lleva a Miyajima-Muchi donde debemos coger el Ferry que nos llevará a la isla de Miyajima en un corto trayecto de unos diez minutos. Antes de entrar en el embarcadero ya podemos avistar el principal motivo de nuestra visita a esta isla: el tory flotante.


Bajamos del barco sin tener idea de donde se encuentra nuestro hotel, según las indicaciones de Booking está a diez minutos caminado del embarcadero y con el calor que hace se nos hace un mundo. Pero, maravilla! Justo a la salida hay aparcado un microbús con el nombre del hotel y su amable conductor tras comprobar que estamos en la lista de huéspedes (eficiencia japonesa) nos traslada cómodamente hasta el hotel. Allí nos están esperando sendas camareras que después de saludarnos con una gran reverencia, se hacen cargo de nuestras maletas mientras hacemos los trámites de entrada. Un botones con aspecto y vestido de judoka nos acompaña a nuestra habitación llevando nuestras dos maletas en volandas (33 kilos en el aeropuerto) y nos enseña nuestra fantástica habitación típica japonesa, con su tatami en el suelo, los paneles de madera y papel, y las mesas bajas con unos sillones sin patas que a Jorge se le aparecen como potros de tortura, dada su poca flexibilidad. Además nos muestra nuestras yukatas, una especie de kimono sencillo, y nuestras sandalias, que nos servirán mientras estemos alojados.




Salimos a pasear y sobre todo a fotografiar el gran tory y el templo flotante al que da entrada. Antiguamente la isla era considerada sagrada y no podía pisarse en ella, por lo que los fieles llegaban en barca atravesando el tory y luego desembarcaban directamente en el templo que se encuentra sobre el mar como un palafito.


Por la noche decidimos arriesgarnos y bajar a cenar vestidos con la yukata, entramos con miedo a hacer el ridículo en el comedor, pero nadie se fija en nosotros y hay más clientes vestidos igual, por lo que disfrutamos de una espléndida cena de una docena de platos típicos de la zona que el maitre se esfuerza en explicarnos en inglés, lo que dado nuestro nivel y su acento no nos ayuda mucho.
Tras la cena nos damos el gustazo de salir a pasear así ataviados, ya que cuando se va el último ferri queda la isla tranquila y vacía, y podemos contemplar con tranquilidad los monumentos iluminados y el maravilloso lugar en que pasáremos esta noche.



Mańana volvemos a Tokyo y nos esperan unas cuantas horas de tren.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Kyoto



Para hoy hemos dejado los últimos deberes en Kyoto. El templo de Inari, con sus miles de Toris subiendo por la ladera de la montaña, el bosque de bambú, y el mercado de Nishiki.


El día amanece lluvioso, como casi siempre, pero cuando cogemos el tren ya no llueve. El trayecto hasta Inari es sólo de un par de estaciones desde la central de Kyoto por la línea de Nara. Al llegar no hay perdida, porque casi todas las personas que bajan del tren se dirigen en la misma dirección.



El templo en sí no tiene mucha historia, sobre todo teniendo en cuenta que ya hemos visitado muchos y muy espectaculares. Aquí a lo que venimos es a ver el largo paseo, casi como un túnel naranja, y a intentar hacer alguna fotografía digna de National Geographic o la difunta Altair (no os perdáis el número dedicado a Japón, fue el principio de nuestro viaje).


A pesar de la muchedumbre la visita merece la pena, y a ratos podemos ir sacando fotografías sin intrusos que las estropeen con su presencia. Lo que no se puede encontrar aquí es paz espiritual o relajación. Es turismo puro y duro.

Como la visita es cortita, cogemos el tren de regreso a Kyoto, para coger allí la otra línea que nos lleva al bosque de bambú, otro icono fotográfico de Japón que no queremos perdernos.
Al salir de la estación el camino es un poco confuso, y nos cuesta orientarnos porque todos los carteles dan referencia de templos, y ninguno del famoso bosque. Sacamos la "biblia" de la mochila (léase Lonely Planet), y caminamos en la dirección que indica el plano.


Hago un inciso al mencionar el plano de L. Planet, y es que son poco precisos, con una impresión muy tenue, en la que cuesta distinguir calles y avenidas, y además los símbolos y textos son tan pequeños que nos complican la vida a los que sufrimos la presbicia propia de la edad.


Siguiendo con el relato, acertamos el camino y la dirección, y en diez minutos escasos llegamos al famoso bosque. Aquí también hay una gran cantidad de turistas y escolares que impiden dar un paseo relajado y silencioso como sería nuestra intención. Hay que realizar un esfuerzo de abstracción, y fijar toda la atención en la belleza que nos rodea. 
Un bosque de bambú es diferente al resto de los bosques. No hay más plantas, sólo las largas cañas que parecen crecer rectas hasta el cielo, y que en su conjunto crean una atmósfera que tiene algo de hipnótico o relajante. Encontrarse realmente solo en medio de un bosque como este debe ser una experiencia única, sobre todo sí el viento sopla entre las cañas.


Desistimos de visitar los templos del entorno, porque seguramente ya hemos cubierto el cupo para una buena temporada, y volvemos a nuestra base de operaciones, la estación de Kyoto, desde donde subimos en autobús al centro para visitar el mercado de Nishiki, el más famoso de Kyoto.


Realmente no es un mercado en el sentido que nosotros le damos, de recinto cerrado y techado en el que se despachan alimentos perecederos, básicamente carne, pescado y frutas y verduras. En este caso se trata de una calle peatonal cubierta y a ambos lados se distribuyen gran cantidad de comercios, muchos de alimentación  pero también de cerámica, cuchillos o puestos de comida. 


En uno de estos últimos degustamos unos palitos de una masa rellena de diferentes cosas, en nuestro caso queso y pulpo. Muy buenos, aunque como casi siempre ignoramos de que esta hecho lo que comemos.


El mercado sirve para ver alimentos curiosos, por su rareza o por su presentación. El pescado o la fruta se venden por unidades, no al peso, y las paradas no lucen  cantidades ingentes de alimentos, sino que , salvo excepciones, las exposiciones son casi minimalistas. Para un observador ignorante, como es el caso, se diría que los japoneses odian las cosas amontonadas porque aman el orden. Lo que contrasta con la forma en que viven, amontonados y moviéndose en lo que parece un caos controlado.


Tras el mercado vamos a comer y nos quedamos por la zona practicando el noble deporte japonés de ir de tiendas.
Por hoy ya está bien. Mañana dejamos el hotel para dirigirnos a la penúltima etapa de nuestro viaje: Hiroshima y Miyajima.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Nara

Como escribimos en la anterior entrada, la previsión para hoy era visitar Inari, y el bosque de bambú. Pero rectificar es de sabios, y las programaciones no mandan, si viajamos por nuestra cuenta es para poder hacer lo que queramos cuando queramos.
O sea, que mientras degustábamos esta mañana un fantástico capuccino en la cafetería Illy que hemos descubierto en la estación, nos hemos dado cuenta de que los miércoles cierra el mercado de
Nishiki, por lo que sí el jueves lo dedicamos a Nara, como estaba previsto, nos perdíamos esa visita. Y somos unos fervientes visitadores de mercados. Por lo que tienen de real, de la vida diaria de la gente, y de lo que comen, que es una parte fundamental de cualquier cultura.
Por ello hemos decidido ir hoy a Nara. Hemos bajado rápidamente a los andenes, y por suerte en menos de diez minutos ha salido un tren en la dirección que queríamos.
Como nos pasa siempre en este país, lo primero que nos ha sorprendido es el tamaño de la ciudad. Cuando uno lee las guías y los relatos de los blogueros , nunca se hace a la idea del tamaño real de las ciudades visitadas.


Por suerte la distribución de las calles es ortogonal, y eso nos permite orientarnos con facilidad. Conseguimos un plano básico en la oficina de turismo y nos ponemos a caminar hacia el parque de Nara, donde entre otras cosas veremos el Buda de bronce más grande que existe.
Nara fue la primera capital fija de Japón en el siglo VIII, aunque su capitalidad le duró menos de un siglo, para pasar después a Kyoto y finalmente a Edo, conocida hoy como Tokyo.


Llegamos pues al parque y lo primero que nos sorprende es ver unos pequeños ciervos deambulando tranquilamente por la calle, solos o en pequeños grupos. En el parque hay unos mil doscientos, y gozan del estatuto de tesoro nacional, ya que desde tiempos inmemoriales se les considera mensajeros de los dioses. 
Hoy en día estos mensajeros se dedican a acosar a los visitantes para que les den algo de comer, a ser posible las galletas que se venden en muchos puestos callejeros con ese fin, y si no hay galletas tampoco le hacen ascos a un plano, por ejemplo.


Nuestra primera visita es un bonito jardín llamado Isui-in construido por una familia adinerada en el siglo XIX para recibir a sus amistades y tomar el te en un entorno agradable y sofisticado.


Tras el jardín subimos hasta el Todai-ji, templo de dimensiones descomunales que alberga en su interior un Buda de bronce de unos quince metros de altura y quinientas toneladas de peso, que data de la época capitalina de Nara.


Se cree que posiblemente este sea el mayor edificio de madera del mundo, y hay que tener en cuenta que el edificio actual es un tercio del original. Su construcción estuvo a punto de llevar al incipiente imperio a la bancarrota, pero para el emperador era fundamental disponer de un icono que uniera a todo el país a su alrededor.


Al salir seguimos ascendiendo por el parque hasta el pequeño pero encantador templo de Nigatsu-do, desde el que hay una buena vista de la ciudad de Nara.


Seguimos el camino por el bosque en dirección sur, esquivando más ciervos hasta el santuario sintoísta de Kasuga Taisha cuya particularidad es la gran cantidad de linternas dispuestas a lo largo de todos los accesos, y que se encienden dos veces al año en lo que debe ser un espectáculo visual único y muy atractivo.




Después de la última visita ya solo nos queda regresar hasta la estación JR de Nara, a unos tres quilómetros, por suerte de descenso.
Hemos caminado mucho, y las piernas se resienten, pero ha merecido la pena el esfuerzo y el cambio de planes durante el desayuno. 
Mañana es el último día en Kyoto, y hay que aprovecharlo bien.