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domingo, 6 de septiembre de 2015

Un sábado en Tokyo (5/9)

Hoy hemos dedicado el día a visitar unos cuántos lugares que nos habían quedado pendientes el año pasado.
El primer lugar de la lista eran los jardines del Palacio Imperial, y la verdad es que tampoco tienen mucho que ver ya que la parte mas interesante queda dentro del área restringida del palacio. Lo que si impresiona es el descomunal tamaño que te convierte casi en una hormiga. Supongo que es un poco lo que le parecía el pueblo llano a su serenísima majestad.



Después de la rapidísima visita nos hemos dirigido al Foro Internacional de Tokyo, un inmenso edificio con forma de barco dedicado a congresos cuyo hall se puede visitar y en el que se estaba celebrando una feria de venta de pianos, había una exposición de fotografía y aprovechando el Festival de Jazz de Tokyo, una concentración de food trucks.




A continuación nos esperaba la Torre de Tokyo y el templo Zojoji que se encuentra a su sombra. Como ya subimos el otro día a la Skytree hemos desistido de hacerlo a esta que además es unos cien metros mas baja. Su encanto reside en que es prácticamente una copia de la torre Eiffel aunque mide quince metros más y esta pintada en un color un poco menos elegante que la parisina.




Como se acercaba la hora de comer hemos cogido el tren hacia el hotel para descansar un rato, y por el camino hemos aprovechado para comer un poco de tempura. Quizás ha sido la peor tempura que hemos comido en Japón, pero hasta el mejor escribiente puede hacer un borrón.


Tras descansar y reponer fuerzas salimos de nuevo rumbo a la zona de Odaiba, una zona ganada al mar en la bahía de Tokyo, llena de zonas de esparcimiento, el edificio de Fuji, una noria gigante y un largo etcétera de atracciones que a nosotros no nos atraen mucho. En realidad queremos ver el Rainbow bridge, el famoso puente iluminado cuando se pone el sol. Para llegar bajamos en la estación de Shimbashi y allí cogemos el monorail de la línea Yurikamome hasta la estación de Obaida. 


Un corto paseo nos lleva hasta el bonito paseo marítimo desde donde vemos apagarse el día y encenderse las luces de la ciudad creando un telón de fondo espectacular para otro día de vacaciones.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Hakone (4/9)

El año pasado no pudimos ver el monte más emblemático y reconocible de Japón, el Fuji. Este año queríamos remediarlo, y para ello nos desplazamos a la zona de Hakone, uno de los mejores sitios para intentar fotografiar la venerada montaña nipona.
Ya podemos decir que no lo hemos conseguido. Sabíamos que es difícil y esquiva, y hoy lo ha sido con nosotros, por lo que volveremos a casa con ese pequeño déficit.
De todas formas ha sido un día muy completo, en el que hemos visto paisajes muy bonitos como el lago Ashi, y utilizado todos los transportes posibles.
De entrada utilizamos la línea Ginza del metro hasta la estación de Ueno. Allí después de reservar asiento para el Shinkasen que nos debía llevar de la estación de Tokyo hasta Odawara hemos cogido otro tren que nos ha acercado de Ueno a Tokyo.


Llegados a Odawara y tras comprar por 4000 yenes el Hakone freepass que nos permite usar una infinidad de medios de transporte hemos cogido el tren de la línea Hakone Tozan que nos ha acercado a Hakone Yumoto, en esa estación hemos cambiado a otro tren que nos ha llevado a Gora en un trayecto con unos desniveles increíbles y continuos cambios de sentido para ganar altura en el menos tIempo posible. Se podría decir que el tren sube haciendo un zig-zag.




En la estación de Gora transbordo al funicular que nos lleva hasta Souzan para enlazar a su vez con el teleférico. Pero aquí han empezado los problemas, ya que el teleférico esta fuera de servicio por la actividad volcánica de la zona, y el autobús que lo sustituye se coge en la base del funicular. Eso significa volver a bajar y usar dos autobuses por carreteras llenas de curvas para llegar al embarcadero en el lago Ashi.


La pérdida del teleférico significa una oportunidad de ver el Fuji perdida, y no cumplir la costumbre local de comer huevos hervidos en las aguas sulfurosas, que cogen un curioso color negro y la fama de prolongar tu vida siete años.


Estamos en el embarcadero del lago y nos espera un... barco pirata!! A estos japoneses a veces tanto manga los trastorna un poco, porque hay que tener una mente rara para cubrir la travesía del lago con semejantes artefactos. Cuando cogemos el barco ya vemos que desde el lago tampoco tendremos éxito, pues el cielo se ha ido cubriendo de nubes que se concentran sobre todo en la zona donde debieramos ver el monte sagrado.




Acabada la singladura que dura poco más de media hora, desembarcamos en Hakone-machi-ko donde visitamos la reconstrucción fiel de un puesto de control de la época Edo en el camino que unía Kyoto con Tokyo, y a continuación seguimos hasta el vecino pueblo de Moto-hakone-ko por un tramo de esa ruta flanqueada por enormes cedros de la china.




En Moto-Hakone-ko reponemos fuerzas con unos emparedados y para nuestra sorpresa un muy digno café expresso.
Ya solo nos queda otro autobús hasta Hakone Yumoto, desde allí el tren hasta Odawara, y desde esta estación otro Shinkasen hasta Tokyo.




Tras dar un último paseo por la zona de Marunouchi volvemos a coger la línea Ginza del metro que nos devuelve a nuestro refugio.
Ha sido un día intenso, y escrito suena mas complicado de lo que es en realidad. Los japoneses son muy organizados y si sigues las indicaciones todo sale bien. Solo hay que intentar ser tan organizado y previsor como ellos, intentar ponerse en su piel, que por algo estas en su país y de esa forma aprender un poco mas de su cultura y su forma de ser. A fin de cuentas es una de las razones por las que viajamos.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Paseando por Asakusa

Hoy nos hemos levantado antes de lo previsto, cosas de los huesos, las articulaciones y el cansancio acumulado. Y a pesar de que las camas son supercomodas.


De todas formas no ha sido un drama, ya que en el desayuno hemos tenido la suerte de poder tomar zumo de naranja recién exprimido y unos huevos "benedictine" prácticamente perfectos.
Eso nos ha permitido salir a la calle con el animo suficiente para recorrer los,dos kilómetros que separan la torre Sky Tree de nuestro hotel.


Es la torre de comunicaciones mas alta del mundo y deja como una enanita a nuestra torre de Collserola. Nosotros hemos subido a la primera plataforma, que esta "solo" a 350 metros de altura, y a la que se asciende con un ascensor que tarda 50 segundos, llegando a alcanzar una velocidad de 400 metros por minuto.
La verdad es que impresiona como prodigio de la ingeniería ya que además está preparada para resistir tanto vientos huracanados como terremotos.


Tras las fotos de rigor aunque sin poder ver el monte Fuji hemos bajado a la base de la torre que es como un parque de atracciónes con un acuario, un planetarium, una estación de tren y un centro comercial con tiendas y restaurantes.




Ya fuera del complejo hemos desandado el camino para ir a la calle Kappabashi Dogugai, el paraíso de los y las cocineras. Aquí se encuentran más de 150 tiendas de accesorios de cocina, cuchillos, vajillas, cristalerías, accesorios de reposteria e incluso las reproducciones de alimentos o platos completos que todos los restaurantes tienen en sus escaparates. 




Prácticamente hemos entrado en casi todas, descartando únicamente las muy industriales o las que tienen la mercancía tan amontonada que es imposible pasear por sus pasillos. Y hemos comprado, claro está para el blog de Galeteria.cat que llevan Marta y Carme.
Hemos hecho un pequeño descanso en una cafetería de la misma calle para reponer fuerzas y cuando hemos acabado el inventario de todas las tiendas hemos regresado al hotel a descargar.
Ya solo nos han quedado tiempo y fuerzas para dar una vuelta por el barrio, porque Asakusa tiene ambiente de barrio a pesar de todos los turistas que se concentran en el templo de Sensoji, y acabar cenando un ramen calentito y reconfortante.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Llegamos a Tokyo (2/9)

Esta mañana nos hemos levantado con el ánimo de intentar ver un poco la ciudad de Kanazawa, ya que ayer con la lluvia estuvimos el tiempo justo en los jardines de Kenroku-en.
Hemos desayunado regular, ya que el buffet del hotel era justito y mas pensado para japoneses a los que les gusta desayunar pescado y sopa de miso que para los pobres occidentales que buscamos un café y una tostada con mantequilla.
Tras el check out hemos dejado las maletas en el hotel y hemos salido hacia el mercado de Ōmichō. En el trayecto de unos veinte minutos caminando el tiempo ha cambiado a peor, y hemos llegado al mercado con una lluvia tímida.


El mercado en si es lo mas parecido a uno de los nuestros que hemos visto en Japón. No llama la atención a un extranjero por su aspecto o su belleza arquitectónica sino por los alimentos que se venden. Es difícil saber que es cada cosa. Muchas veces nos tenemos que conformar con saber si es vegetal o animal. Aquí se consumen muchos encurtidos, hay docenas de tipos de judías diferentes, berenjenas de todas las medidas, y si entramos en el mundo del pescado o el marisco ya tuvimos un curso acelerado hace un año en el mercado de Tsukiji.




Nuestra impresión personal y por tanto muy subjetiva es que sale mas barato comprar la comida preparada o incluso comer fuera de casa que cocinar los alimentos que compras en el mercado, con el consiguiente gasto de tiempo y energía.
Hoy hemos aprovechado esta circunstancia para comprar unas cajitas de comida para el tren, ya que el trayecto coincide con la hora de comer.
Cuando hemos acabado la visita al mercado la lluvia ha vuelto a desbaratar nuestros planes de visitar el barrio de los Samurais. Hemos ido al hotel a recoger nuestras maletas y a la estación a coger el Shinkasen que nos llevará a Tokyo.
En los 168 minutos que tarda en recorrer los 447 kilómetros que separan las dos ciudades nos da tiempo de leer, mirar el paisaje, comer y dormir la siesta. Por cierto, dormir en el tren es una de las aficiones preferidas de los japoneses. Los hemos visto dormir incluso de pie en un vagón agarrados a la barra.


Tokyo nos recibe con calor y muchísima gente. Nos cuesta un poco encontrar el camino de la estación  de metro de la línea Ginza, pero lo conseguimos y en pocos minutos salimos a la luz del día en Asakusa, justo en Kaminarimon dori, a dos travesías de nuestro hotel.


Como es costumbre en Tokyo la recepción no se encuentra en la planta baja, ocupada por un supermercado, sino en la planta trece, que es la ultima. Eso le permite tener un lobby acristalarlo desde el que se domina todo el barrio. La primera impresión es muy buena. Un diez en diseño.


Una vez instalados salimos a patear la zona comenzando por el templo de Sensoji, quizás el más visitado de la ciudad, con una larga hilera de tiendas entre el Tori de entrada y el recinto del templo.




Acabamos el día cenando unos magníficos ramen que nos saben a gloria, y a dormir, que ya estamos cansados y mañana hay que continuar.


martes, 1 de septiembre de 2015

Kanazawa (1/9)

Esta mañana hemos abandonado Takayama después de un último paseo por sus calles más agradables que a primera hora estaban mas tranquilas si cabe, y por tanto mas bonitas.


Hay dos pequeños mercados donde se pueden comprar hortalizas y algo de artesanía, son muy pequeños pero también muy auténticos.
Como nota curiosa el tren ha llegado a la estación con dos minutos de retraso, algo que nos ha llamado la atención por insólito, aunque en ese momento no sabíamos el perjuicio que nos causarían esos dos minutitos de nada.
El primer trayecto hasta Toyama ha transcurrido con tranquilidad lo que hemos aprovechado para repasar fotografías y leer un poco.
El problema ha surgido al llegar a la estación de Toyama donde disponíamos de algo más de diez minutos para hacer transbordo al Shinkasen que nos lleva hasta Kazanawa. El edificio es nuevo, hay pocas escaleras mecánicas y los ascensores tardan una eternidad en atender la llamada. Se nota que los pasajeros van un poco despistados, algo sorprendente en los japoneses que con su orden son capaces de vaciar y llenar un tren entero en menos de tres minutos, incluso un par de señoras intentaron colarse para entrar en el ascensor! La suma de todos estos despropósitos da en que perdemos el tren. Es la primera vez que nos pasa y no es imputable a nosotros. ¿Estará desmontándose el mito de la puntualidad japonesa?
Por suerte para nosotros al cabo de media hora sale otro tren, por lo que la única molestia es acercarnos a la taquilla y reservar de nuevo dos asientos.




Al fin llegamos a Kazanawa pasada la una del mediodía. La zona de la estación es bastante impresionante para ser una ciudad de algo más de 400000 habitantes, con los consiguientes rascacielos, centros comerciales, hoteles y muchas tiendas de comida. Encontramos el hotel Mystays Kazanawa rápidamente y dejamos las maletas para ir a comer... a la zona de la estación.
Como en este país los sitios turísticos cierran pronto, entre las cuatro y media y las seis, pedimos información en la oficina de turismo donde conseguimos, oh! Un plano en español.
Con autobús nos acercamos a los jardines de Kencoru- en, considerados de los mas hermosos de todo Japón.




Pagamos la entrada de 310 yenes a las 4:45, por lo que tenemos solo una hora y cuarto hasta el cierre. La luz esta bajando pero todavía hay suficiente para realizar fotos aceptables, y la temperatura es muy agradable lo que invita a disfrutar del momento.
Y es verdad que disfrutamos. No sabríamos hacer un rancking de jardines ni de casi nada, seguramente. Pero este tiene algo especial, no sabemos si el estanque, si los grandes árboles con formas imposibles o si es por estar casi a solas disfrutando del momento. Y es entonces cuando se abre el cielo y cae sobre nosotros el diluvio universal. Por suerte, o mejor dicho, por precaución llevamos encima unas viejas capelinas de publicidad que nos salvan de acabar completamente mojados.


Se acaba aquí nuestro turisteo por Kanazawa ya que volvemos al hotel no sin antes comprar algo para cenar mientras nos secamos.
De todas formas mañana intentaremos ver alguna cosa antes de partir hacia Tokyo, la última parada de nuestro viaje antes de volver a casa.

lunes, 31 de agosto de 2015

Sirakawa go (31/8)

Hoy hemos visitado un pueblecito de aquellos que deja un recuerdo indeleble en tu memoria y en tu retina. En realidad son dos: Sirakawa go y Ogimachi aunque sobre el terreno es difícil saber donde empieza uno y acaba el otro.

 
Hemos comenzado el día temprano, pues en el ryokan la cena es entre las seis y las siete, y el desayuno entre las siete y las ocho. Aunque el horario pueda parecer de cuartel la realidad es que la suma amabilidad de todo el personal y el hecho de que nos hemos adaptado al horario nipón nos permiten llevarlo con toda la comodidad del mundo. También es cierto que en nuestra rutina diaria somos de madrugar e ir a dormir pronto, y eso ayuda.
Por lo tanto antes de las nueve de la mañana ya estábamos cogiendo el autobús que nos llevaría a nuestro destino de hoy por un paisaje montañoso increíble cuando lo podíamos contemplar. Y es que la carretera actual está compuesta por una sucesión de túneles que hacen el trayecto mucho mas corto que hace pocos años. Nosotros hemos tardado cincuenta minutos con la compañía Nohi Bus.
Al bajar del autobús ya hemos visto por la cantidad de turistas, sobre todo japones, y de tiendas de recuerdos que la zona es un gran reclamo turístico, pero merecido.


La mejor manera de explicarlo es viendo las fotografías, pero estas nunca pueden comunicar el sol sobre tu piel, el aire fresco de la montaña, el rumor del agua omnipresente en todos los rincones o el olor que impregna el humo de los hogares en las maderas de las casas tradicionales.
Las casas son muy grandes, pues las familias eran extensas y los inviernos en la region de Hida pueden ser durísimos, eso unido a el aislamiento del valle obligó a sus habitantes a construir sus casas con los elementos que tenían a su alcance: madera y paja.


Toda la estructura es de madera sin usar un solo clavo, vigas y columnas encajan como en un puzzle creando una cuadricula sobre la que se edifica el tejado que a su vez se cubre de una gruesa capa de paja colocada y atada a la estructura de manera que constituye un gran aislante y permite que la nieve resbale por su superficie. Es la arquitectura Gassho.


Lo pintoresco del valle y las casas en verano no nos hace olvidar lo dura que tenía que ser la vida en invierno hace cien o doscientos años, pero hoy estamos de vacaciones, somos turistas y nos encanta hacer fotografías, siempre con una sana rivalidad por ver quien consigue el mejor encuadre o el detalle más especial. De todas formas quien nos lea no sabrá que fotos son de Carme y cuales de Jorge.


A primera hora de la tarde hemos regresado al ryokan en Takayama y nos hemos premiado con un baño privado en el onsen del hotel. Normalmente este tipo de establecimientos dispone de unos baños públicos para los clientes, donde uno se puede relajar después de un duro día de turismo. Estos baños están separados por sexos, ya que la norma es tomarlo desnudo, pero en algunos casos se puede pedir un tiempo aparte para poderlo compartir con tu pareja. Es una muy buena experiencia, y muy relajante.


Hemos acabado el día con una excelente cena donde no ha faltado la ternera de Hida pero hoy en forma de Sukiyake, que es otra forma de preparación que ya explicaremos otro día en detalle.


Mañana nos movemos otra vez, hacia Kanazawa y luego hacia Tokyo. Estamos en el ecuador de nuestras vacaciones, un momento ideal en el que ya has cogido el ritmo del viaje y todavía no te pesa el tiempo lejos de casa y sin ver a los tuyos.

domingo, 30 de agosto de 2015

De Kyoto a Takayama (30/08)

Hoy hemos dejado Kyoto y el fantástico hotel Kyoto Century Hotel en el que hemos descansado y desayunado a placer. En un viaje cuando pasas mas de tres o cuatro noches en un hotel ya lo empiezas a sentir como si fuera un poco tu casa, y al regresar cansado por la tarde después de visitar, caminar y sudar notas que te recibe, cuando cumple su función, con los brazos abiertos. Ya sabes donde esta todo y haces de tu habitación tu refugio. En este caso ha sido así y por eso sabe un poco mal marchar, pero el "turisteo" es así de duro y debemos encontrar nuevos horizontes.


El nuestro es Takayama, un pueblo pequeño de solo 90.000 habitantes en el corazón de la isla, rodeado de montañas y considerado la puerta de los Alpes japoneses y la base para visitar Sirakawa-go, una pequeña comarca montañosa famosa por sus aldeas con las casas con el techo de paja.
El trayecto desde Kyoto a Takayama dura unas tres horas, primero hasta Nagoya en Shinkasen y después hasta el destino final en un tren diésel, ya que la vía, que recorre una zona montañosa, no está electrificada.
Llegamos, porque no decirlo, puntuales como siempre y a sólo tres minutos de la estación se encuentra nuestro ryokan. Como ya explicamos en otro post el año pasado un ryokan es un hotel con las habitaciones estilo japonés, lo que significa suelo de tatami, paneles correderos de papel y por la noche fotones en el suelo. El recibimiento es muy bueno, pero como no son las tres de la tarde debemos dejar las maletas y dedicarnos a descubrir el pueblo y buscar un sitio para comer.




Takayama resulta muy agradable, es tranquila, bastante silenciosa y tIene algunas calles especialmente atractivas. Además cuenta con muchas posibilidades para comer, sobre todo su producto estrella: la ternera de Hida. A quien mas y quien menos le suena la ternera de Kobe, pero reconozco que hasta que comenzamos a documentarnos para venir a Japón no había oído nombrar esta clase de carne.
Y como no puede ser de otra manera acabamos en una carnicería con restaurante donde damos cuenta de una degustación buenísima hecha por nosotros mismos en la parrilla incorporada en nuestra mesa.


Repuestos de nuestro apetito volvemos al hotel donde nos reciben con todo el ceremonial en el más puro estilo nipón, con un té de bienvenida, un dulce, la correspondiente yukata  y por supuesto sin zapatos en todo el hotel. La habitación en particular y el hotel en general tienen muy buen aspecto y tras tomar posesion volvemos a la calle para continuar explorando la ciudad. El problema es que es domingo y a partir de las cinco de la tarde van cerrando todos los comercios con lo que las calles quedan desiertas e inhospitas. 


Volvemos hacia el hotel pasando antes por la estación de autobuses para comprobar que los horarios que tenemos son validos todavía. El precio ha subido bastante respecto al que marca la guía de 2014 pero habrá que aguantarse. Una vez en el hotel nos probamos las yukatas y decidimos que iremos a cenar vestidos a la occidental.
La cena estilo Hida es buena pero pesa en nuestro recuerdo la fantástica cena del año pasado en Miyajima y esta sale perdiendo. Salvamos el sashimi y la ternera de Hida (dos veces en un día!)
Nos retiramos pronto, ya que mañana hay que madrugar y como todos los días antes debemos descargar y repasar las fotografías del día y escribir este blog.
Mañana Sirakawa-go, y esperemos no mojarnos mucho ya que la previsión es mala.